Jornada sobre contaminación electromagnética



En España solo el 14% de los españoles ha recibido información sobre los posibles riesgos para la salud de las ondas electromagnéticas. Esta cifra nos convierte, dentro de la Europa de los 27, en el sexto país que menos sabe de este tema, de acuerdo con el último Eurobarómetro sobre campos electromagnéticos.

Concienciar a la ciudadanía debería ser una labor de las administraciones públicas porque son las que realmente tienen medios para acometer una tarea de semejante envergadura. Pero como los poderes públicos no lo hacen, la sociedad civil, a través de una serie de asociaciones agrupadas en la Plataforma Estatal contra la Contaminación Electromagnética, se está encargando de difundir los conocimientos científicos que alertan de los posibles efectos en la salud de este tipo de contaminación.

Yolanda Barbazán y Minerva Palomar, coordinadoras de la plataforma estatal citada y de diversas comisiones sobre la materia de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM),  forman parte de ese grupo de personas que llevan años intentando concienciar a administraciones y ciudadanía sobre la importancia de la contaminación electromagnética. 

En la presentación que realizaron en el colegio Tirso de Molina, nos explicaron de forma amena y didáctica los principales ejes del debate. Nos informaron, junto con un ingeniero que también colabora con la FRAVM, de cuáles eran las zonas del barrio más afectadas por las emisiones de las antenas que Vodafone pretende instalar. El nuevo aulario es una de ellas y el Tirso de Molina también está afectado por estar situado en la línea horizontal de las emisiones.

Un vecino del llamado triángulo de la muerte del barrio de Las Rosas, en San Blas, expuso la experiencia que ellos habían tenido con las antenas de telefonía. Este caso ha salido recientemente en la
prensa porque la comunidad de propietarios ha decidido rescindir el contrato suscrito con Vodafone.

En el debate quedó claro que la proliferación indiscriminada y caótica de las antenas de telefonía es un problema global cuya regulación solo va a cambiar si la ciudadanía presiona a la administraciones, en sus distintos niveles. Pusieron como ejemplo las localidades de Mataró o Zaragoza, donde mediante presión vecinal se ha conseguido frenar la instalación de nuevas antenas. En Leganés, la presión ciudadana ha logrado que el ayuntamiento apruebe una ordenanza que, entre otras novedades, considera lugares sensibles las viviendas y permite a sus habitantes conocer los niveles de exposición en "tiempo real".  

Las ponentes recomendaron denunciar públicamente las antenas que, por estar ubicadas en edificios más bajos que los bloques de alrededor, radian directamente las viviendas. Se trata de una práctica que la propia industria, a través del SATI, desaconseja.
En nuestra zona tenemos varias plataformas de antenas de este tipo, una en el barrio de los metales, en la calle Bronce 14, y otra, enfrente del barrio de los puertos, en la calle Teniente Coronel Noreña 69. Con el agravante esta última de estar situada al lado de otras dos fuentes de contaminación electromagnética: una subestación eléctrica y una torre de alta tensión.
Barbazán y Palomar hicieron mucho hincapié en que dentro de nuestras viviendas, y sin ser conscientes de ello,  estamos expuestos a las radiaciones que emite el wifi o el teléfono inalámbrico.

Las ponentes, en una muestra más de su interés por difundir una información que suele ocultarse a la ciudadanía, nos han mandado la presentación que realizaron.